En homenaje al hno.: Alfredo Palacios

La Masonería Argentina expresa su complacencia y agradecimiento por la instauración de la escultura en honor de Alfredo L. Palacios en la Plaza del Congreso, Ciudad de Buenos Aires. La obra, debida a la inspiración del reconocido artista plástico Hermenegildo Sabat, constituye la culminación de un proyecto elaborado por el fallecido legislador Norberto La Porta. La Ciudad de Buenos Aires salda una deuda de honor con el Dr. Palacios y lo hace en el predio urbano donde protagonizó largas e intensas batallas políticas que sirvieron al progreso social de nuestro país.

 

Este prestigioso hombre público argentino fue iniciado masón en la Logia Libertad 48, en 1901.

 

Ya desde su propuesta de tesis doctoral sobre “La miseria”, rechazada por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y reemplazada por otra sobre temas convencionales del Derecho, Palacios mostró cual sería el derrotero de su vida. Tras ser electo primer diputado socialista de América (1904) por el distrito capitalino de La Boca, comenzó una obra legislativa y política esencialmente dedicada a la preservación de los derechos de los trabajadores, las mujeres, los niños, los jóvenes y la tercera edad. Hitos trascendentes de su vida fueron su adhesión a la Reforma Universitaria de 1918, impulsada por hermanos masones, y las leyes de sábado inglés, descanso dominical, pago salarial en moneda de curso legal en lugar de vales, leyes de accidente laboral, trabajo femenino, de la silla y estatuto del docente, entre otras.

 

Palacios creó la asignatura “Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social” en la Facultad de Ciencias Económicas. También fue Presidente (Rector) de la Universidad Nacional de La Plata fundada por el hermano masón Joaquín V. González.

En 1957 como Convencional Constituyente defendió la instauración del Art. 14 bis de la Constitución Nacional a partir del cual se preservan las condiciones dignas y equitativas del trabajo, la jornada limitada, descanso y vacaciones pagas; retribución justa; salario mínimo vital móvil e igual remuneración por igual tarea, entre otros derechos.

 

Nada más justo que este homenaje de la República a este gran hombre público argentino que falleció pobre, al extremo de que su casa de Charcas 4741, Buenos Aires, fue salvada de varios remates por el aporte de amigos personales.