Calma y reflexión

 La Tolerancia, una de las enseñanzas básicas de la masonería, reclama calma y reflexión.

 

Pasados algunos días desde los acontecimientos que vivió la ciudadanía en dieciocho provincias de nuestro país, la Masonería Argentina expresa su preocupación por los sucesos acaecidos y estupor ante la cantidad de víctimas fatales, personas físicamente y emocionalmente heridas, casas y comercios saqueados, bienes destruidos que, en todos los casos, alteraron la paz social,  licuaron la convivencia y pusieron en entredicho la autoridad del Estado como construcción de todos para todos. 

En más de una oportunidad hemos advertido la necesidad de tender una mesa de acuerdo y conciliación para que el gobierno y los partidos políticos individualicen los temas de Estado esenciales y acuerden las soluciones que puedan y sepan elaborar en conjunto. 

Es imprescindible que se recomponga el tejido social, se eviten fragmentaciones de todo tipo y acusaciones recíprocas que solo sirven para enrarecer el tenso clima social de este tiempo. 

Hay un millón de jóvenes argentinos que no trabajan ni estudian, la droga acecha, la inflación es como un piso de arenas movedizas sobre el cual no es posible una construcción que sobrepase la mera coyuntura. 

Los argentinos debemos construir nuestro futuro con estricto acatamiento al orden y funcionamiento de las instituciones. El inminente lapso veraniego puede ser utilizado para descomprimir las pasiones y para avanzar en ideas y soluciones. Los consensos son ahora más imprescindibles que nunca. 

La Masonería Argentina respalda la silenciosa tarea que desarrollaron sus logias del interior del país en la ayuda y socorro de tantos conciudadanos afectados por las amargas y dolorosas horas vividas. Se pone a disposición para aportar ideas y hombres a una mesa de entendimiento en la que, según su tradicional método de trabajo, primero identifica las coincidencias para tratar después cada disenso en particular. Este sistema rige desde el nacimiento de la masonería especulativa en 1717, se aplicó con éxito en diversas etapas de la historia argentina, en especial cuando hombres de diferentes ideas coincidieron en la Organización Nacional. En el siglo XX se aplicó, por ejemplo, a la organización de La Hora del Pueblo que abrió un camino de institucionalización en 1970. 

Si se extiende el horizonte, las fuerzas políticas, económicas y sociales encontrarán un cauce diferente, la sociedad argentina se podrá organizar de una manera más virtuosa, ajena a las tensiones, a la violencia y a los enfrentamientos entre hermanos argentinos.