Florentino Ameghino

La Masonería Argentina recuerda hoy a su querido hermano masón Florentino Ameghino que solo  vivió  57 años.

Oriundo de Luján, recogió la posta del paleontólogo Francisco Javier Muñiz antiguo residente de la zona. Ya en Buenos Aires, estudió francés para acceder a los principales autores científicos en su propio idioma, ingresó en la Escuela Normal de Preceptores. Como maestro regresó a Mercedes (1869), y se familiarizó con la bibliografía del Museo Histórico Natural que dirigía Burmeister en Luján.

Además de su ejercicio del magisterio y de sus investigaciones, trabajó durante cinco años en el desarrollo de su libro La antigüedad del hombre en el Plata, que publicó en 1880. En forma simultánea,  la Sociedad Científica Argentina premió su trabajo sobre El hombre cuaternario en la pampa (1876).

Dos años después de ese galardón, Ameghino se trasladó a Europa donde dio a conocer sus novedades en la Exposición de París. También presentó memorias al Congreso de Antropólogos (París)  y al Congreso de Americanistas (Bruselas).

Cuando volvió a nuestro país en 1881, Florentino Ameghino había obtenido justa fama y alto reconocimiento internacional en su doble condición de antropólogo y geólogo. Son muy recordadas sus clases universitarias en La Plata, Buenos Aires y Córdoba. En 1902 fue designado director del Museo de Historia Natural.

Ínterin, descubrió alrededor  de mil especies nuevas de la fauna fósil. Aún mantiene vigencia la clasificación estratigráfica de la formación pampeana que desarrolló Ameghino. Fue autor, al respecto,  de Los mamíferos fósiles de la América Meridional y La formación pampeana (1880), Filogenia (1884),Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la Argentina (1889),Las formaciones sedimentarias y Mi credo (1906) y El origen del hombre(1907).

El Origen poligénico del lenguaje fue su obra póstuma que no llegó a terminar.

Florentino Ameghino fue iniciado masón en la Logia Luján y posteriormente trabajó en la Logia Lumen 200 de la localidad bonaerense de Moreno. Falleció en La Plata el 6 de agosto de 1911 cuando aún se financiaba junto con su hermano Carlos de los escasos producidos por una librería en la capital provincial.

La Masonería Argentina, empeñada en el rescate de los hermanos masones que cimentaron con su trabajo y ejemplo el prestigio de nuestra Institución, recuerda a Florentino Ameghino al cumplirse 101 años de su pase al Oriente Eterno.

Victor Raul Haya de la Torre

La Masonería Argentina rinde homenaje al hermano masón Víctor Raúl Haya de la Torre, estadista peruano que pudiendo haberse beneficiado materialmente de sus excelsas condiciones personales e intelectuales, prefirió una vida de sacrificio y de entrega a sus ideales.

 Dos conceptos suyos dicen todo a su respecto:

 “Quienes han creído que nuestra misión era llegar a Palacio están equivocados. A palacio llega cualquiera, porque el camino que conduce a él se compra con oro o se conquista con fusiles, pero nuestra misión es la de llegar a la conciencia del Pueblo antes de llegar a Palacio, y a la conciencia del Pueblo se llega como hemos llegado nosotros, con la luz de una doctrina, con el profundo amor a una causa de justicia, con el ejemplo glorioso del sacrificio”.

 Pese a las frecuentes persecuciones que sufrió de parte de gobiernos autoritarios y dictatoriales, Haya de la Torre también expresó: “No se puede vivir mirando el pasado, no se puede aunar voluntades agitando venganzas, no se puede construir un Perú nuevo levantando odios, resentimientos y pasiones inferiores. A un país como el nuestro, atomizado siempre por luchas intestinas, hay que enseñarle a olvidar y también a perdonar …”

Palabras plenas de ejemplo y respeto por el pueblo de su país, que se universalizan con el paso del tiempo e influyen en nuestro Continente.

 Haya de la Torre se inició masón el 27 de Julio de 1928 en la Respetable Logia Acacia Nº 7 de Yucatán, México. Designó a su doctrina como “Pan con Libertad”, quiso  afiliarse a la Logia. “Cosmopolita Nº 13 de Trujillo, su tierra natal, pero el Gobierno encarceló y persiguió a la mayoría de sus miembros. Finalmente ingresó a la Logia “Virtud y Unión” Nº 3 de Lima, el 23 de Octubre de 1933.

 Su deceso,  en la más absoluta pobreza, se produjo el 2 de agosto de 1979, en Lima, a los 84 años de edad. Vivía por entonces en una casa prestada. Su mensaje quedó expresado en el Partido que fundó, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (A.P.R.A.)

 En jurisdicción de la Masonería Argentina trabaja la Respetable Logia Víctor Haya de la Torre Nº 505 como un cálido homenaje fraterno a uno de los próceres americanos que mejor expresó los principios de la masonería universal a través de sus actos.

Guillermo Rawson

La Masonería Argentina recuerda hoy el nacimiento de Guillermo Rawson, sanjuanino que fue legislador provincial, senador en el Congreso de la Confederación y ministro del Interior del Presidente Bartolomé Mitre desde 1862.

Desde  su cartera impulsó la construcción de líneas férreas,  líneas telegráficas y del servicio postal y apoyó la llegada de inmigrantes. El 12 de marzo de 1863, Rawson  autorizó el presupuesto para la construcción del edificio del Congreso que se instaló un año después en la esquina de Balcarce y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), Ciudad de Buenos Aires.

Académico en Medicina, el doctor Rawson integró las comisiones masónicas de ayuda en las epidemias y organizó el Cuerpo de Ayuda Masónica a los heridos en 1880.

A pedido del masón suizo Henry Dunant, creador de la Cruz Roja, organizó la sección argentina de esa Institución.

El Dr. Guillermo Rawson se inició en la Respetable Logia Unión del Plata número 1 en julio de 1856, meses antes de la constitución de la Gran Logia de la Argentina. Su vida extinguió en 1890, a los 69 años de edad.

La Masonería Argentina elogia con este recuerdo la polifacética figura de un auténtico constructor que formado en los principios y conceptos de nuestra Institución, llevó el mensaje masónico a los diversos ámbitos donde le tocó actuar.

Castelli y Olazabal

La Masonería Argentina recuerda hoy a sus hermanos Juan José Castelli y Manuel de Olazábal que pasaron al Oriente Eterno en 1812 y 1872, respectivamente.

Castelli fue vocal de la Primera Junta de Gobierno Patrio, abogado que se graduó en Chuquisaca después de haber cursado estudios en el Real Colegio Carolingio y en Córdoba.

Ingresó al Consulado en 1796 para suplir la licencia por enfermedad de su primo, Manuel Belgrano. Más tarde fue designado Regidor del Cabildo. En 1801 participó de la fundación de la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica, nombre público de la Logia Independencia,  en coincidencia con sus colaboraciones en El telégrafo Mercantil y el Seminario de Agricultura. En la Logia Independencia fue elegido Venerable Maestro (presidente).

Incorporado al grupo que consideró posible la coronación de la infanta portuguesa Carlota Joaquina para regir los destinos de los pueblos rioplatenses, Castelli asumió la defensa de Saturnino Rodríguez Peña, Diego Paroissien y otros en el procesamiento ordenado por Liniers por el apoyo a la propuesta portuguesa cuando Fernando VII había sido apresado por Napoleón Bonaparte. Sus argumentos son considerados como el mejor antecedente de los conceptos que se plantearon  desde el Cabildo Abierto del 22 de Mayo para que el pueblo reasumiera su soberanía.

Ya como vocal de la Junta encabezada por Cornelio Saavedra, Juan José Castelli apoyó con fervor las propuestas de Mariano Moreno, ordenó el fusilamiento de Santiago de Liniers en Córdoba y ejerció la representación de la Junta en el Ejército Expedicionario al Alto Perú. Tras el desastre de Huaqui, Castelli fue sometido a proceso y destierro. Falleció antes de conocerse el veredicto. Había nacido el 19 de julio de 1764, falleció poco después de cumplir 48 años de edad.

Manuel de Olazábal, nacido en 1800, se enroló en el Regimiento de Granaderos a Caballo cuando contaba 13 años de edad. Luchó a órdenes de Carlos María de Alvear en el sitio de Montevideo y se trasladó luego a Mendoza para ingresar en el Ejército de Los Andes. Participó de las batallas de ChacabucoGavilánTalcahuanoCancha RayadaMaipú y Bío Bío. Regresó a Mendoza y se puso a ordenes de José de San Martín al regreso del Libertador desde Perú. Poco después, ya en Buenos Aires, se incorporó a la Campaña al Brasil, fue tomado prisionero tras la batalla de Ituzaingó. Después de su liberación, luchó junto a Lavalle en la Batalla de Navarro en la que obtuvo su ascenso a Coronel.

Radicado en Corrientes, dirigió una academia militar hasta que volvió al campo de batalla en Cagancha integrando el ejército de Fructuoso Rivera. Nuevamente en Buenos Aires, después de haberse alistado bajo el mando de Joaquín Madariaga en Corrientes, Olazábal  fue Comandante de la Guarnición de Martín García desde donde pasó a Paraná como edecán de los Presidentes Urquiza y Derqui.

Se retiró de la vida militar después de la batalla de Pavón y publicó  Apuntes Históricos de la Guerra de Independencia y trabajos  sobre San Martín y los hermanos Carrera. Cuando Urquiza fue asesinado, Olazábal regresó a Buenos Aires donde vivió hasta su deceso el 19 de julio de 1872. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.

Manuel de Olazábal fue iniciado masón por San Martín en la Logia Ejército de los Andes, perteneció luego a varias logias chilenas. En nuestro país integró las Logias Constante Unión (Corrientes), San Juan de la Fe (Paraná) y se desempeñó como Segundo Gran Vigilante de la Gran Logia de la Argentina.

Al recordar en este día a sus hermanos Castelli y Olazábal, dos hombres intensamente ligados a la construcción de nuestra Patria, la Masonería Argentina subraya que las convicciones de sus hombres  se fortalecen con el  ideario masónico forjado sobre la base de Libertad, Igualdad y Fraternidad, su tríada esencial.

Carlos Pellegrini

La Masonería Argentina recuerda hoy a su hermano Carlos Pellegrini, Presidente de la Argentina cuando debió completar el mandato de Miguel Juárez Celman entre 1890 y 1892. Fue hijo del ingeniero Carlos Enrique Pellegrini, que construyó la sede actual de nuestra Institución, Pte. Perón 1242, CABA, inaugurada en 1872.  

Afiliado al Partido Autonomista de Adolfo Alsina, después de dos derrotas fue electo diputado de la Asamblea Nacional por la circunscripción de Buenos Aires en 1873. Fue  ministro de Gobierno de la Provincia y titular de Guerra y Marina entre 1879 a 1886, con los presidentes  Nicolás Avellanada y Julio Argentino Roca. Antes, en 1881, fue elegido senador.

Pellegrini asumió la presidencia en 1890 en medio de una profunda  crisis económica. Al año siguiente creó el Banco de la Nación después de una serie de quiebras en el sector financiero, y dispuso  la apertura de la Caja de Conversión y el aumento de la moneda en circulación.

Tras  las gestiones que le encomendó a Victorino de la Plaza en Londres para reordenar el pago de la deuda externa, Pellegrini logró impedir la bancarrota de la Argentina. En forma simultánea, reorganizó el sistema de la salud pública, dio impulso a la reforma  política  y adoptó medidas contra la corrupción.

Elegido senador en 1895, mantuvo su banca hasta 1904. Ínterin, descartó varias  propuestas para que presentara su candidatura presidencial en 1898.

Carlos Pellegrini fundó el diario El País desde cuyas páginas defendió la necesidad de extender  la democracia para reemplazar el sistema oligárquico. Su denuncia de la corrupción lo acercó en el Congreso a su hermano masón Alfredo Palacios, del Partido Socialista. Falleció en 1906 en ejercicio de una banca de diputado.

Carlos Pellegrini se inició masón en la Respetable Logia Regeneración número 5, trabajó en la Logia Docente y fue Venerable Maestro (Presidente) de la Logia Nacional. Fue uno de los fundadores del Gran Oriente del Rito Argentino de la que era Gran Maestre al momento de su deceso, el 17 de julio de 1906. La Respetable Logia Confraternidad Argentina número 2 organizó al día siguiente la solemne ceremonia de homenaje a su memoria.

La Masonería Argentina recuerda en este día al insigne hermano que vivió y actuó según los preceptos éticos de nuestro Código de Moral y no dudó en abrazar a sus adversarios porque según nuestros principios los disensos políticos tienen su límite en la propia relación humana.